He vuelto

agendaEl fin de semana empecé y terminé de leer un libro maravilloso: La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero. Hacía mucho que no devoraba un libro con esa pasión. Aprovechando cada minuto de cada día para seguir leyendo el siguiente párrafo, la siguiente página…

Y también, hacía mucho que no venía por aquí, por mi blog, mi pequeño espacio virtual en esta jungla que es Internet. Menos mal que mi ordenador, tan inteligente, todavía recordaba mi contraseña.

Van a pasar casi dos años desde mi último post. Y de repente, me he dado cuenta que este insignificante espacio es importante para mí. Que lo echaba de menos. Y no lo sabía. Lo he tenido que descubrir cuando Rosa Montero explica lo necesario y exorcizante que es para todos los humanos “narrarnos”. “Para vivir tenemos que narrarnos”, dice. Especialmente, cuando sufrimos.

Y añade:

“Hay que hacer algo con todo eso para que no nos destruya, con ese fragor de desesperación, con el inacabable desperdicio, con la furiosa pena de vivir cuando la vida es cruel. Los humanos nos defendemos del dolor sin sentido adornándolo con la sensatez de la belleza. Aplastamos carbones con las manos desnudas y a veces conseguimos que parezcan diamantes”.

Y cada uno se narra de forma diferente. Puede ser pintando, haciendo música, bailando, representando obras de teatro, tomando fotografías… Yo la única forma que conozco de “narrarme” es a través de la palabra. De hecho, así fue desde siempre, incluso antes de que supiera que quería dedicarme a contar cosas.

Recuerdo con emoción los diarios de cuando era pequeña, donde ensayaba diferentes letras y firmas o en los que explicaba los enfados con mi familia. Ya de adolescente comencé con la tradición, que aún conservo, de tener una agenda donde cada día apunto lo más destacable. Apunto todo. Hasta lo que como con una obsesión que ralla, a veces, la locura. Apunto las películas que voy viendo, los restaurantes, los bares y lugares que visito, las lecturas que hago, a lo que juego con mi sobrino, las discusiones que tengo… Hasta ahora pensaba que se debía al miedo a perder la memoria en un futuro. Pero no. No es solo eso, supongo.

En la actualidad, sigo manteniendo mi agenda, la del año 2016 es una preciosa agenda azul con ilustraciones de Quino, el creador de Mafalda, pero no tiene el suficiente espacio para narrarme.  Ahora, es mi blog el lugar más importante para este objetivo. Y lo he tenido abandonado demasiado tiempo.

El 2016 ha sido un año muy complicado, un año que hubiera sobrellevado mucho mejor reescribiéndome. Reinventándome. Y es que estoy totalmente de acuerdo con Rosa: “Somos un producto de nuestra imaginación. Nuestra memoria en realidad es un invento, un cuento que vamos reescribiendo cada día”. Así es.

Feliz próximo 2017. He vuelto.

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